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Para las pequeñas y medianas empresas (pymes) el recibo de la luz es
lo más parecido a un agujero negro. La mayoría de las compañías lo
considera un coste inevitable más contra el que poco puede hacerse, sin
ser conscientes del potencial de ahorros que puede tener, y que podría
llegar casi a un quinta parte de la factura.
Así lo reflejan los numerosos estudios que han realizado las grandes
eléctricas, que desde hace tiempo vienen trabajando en una política
comercial más activa para hacerse con el suculento nicho de mercado que
representan las pymes.
Mimos a las pymes Ante
la perspectiva de un mercado progresivamente liberalizado como es el
del suministro energético, que entre julio de este año y principios del
que viene tiene que quedar abierto totalmente a la competencia, las
grandes eléctricas tratan de mimar a las pymes. Es el momento de que
éstas adopten una política más activa para reducir costes en el recibo
de la luz.
Hay todo un campo abonado para poder hacerlo, no sólo
aprovechándose de las mejores ofertas que realizan las eléctricas.
Sobre todo, aplicando medidas de eficiencia energética, siguiendo con
una máxima ya habitual en electricidad, que dice que el mejor ahorro en
la factura es la energía que no se consume.
Los estudios que
anualmente realiza Unión Fenosa, ya desde el año 2005, explican que las
pymes españolas han ido avanzando poco a poco en ahorro energético,
aunque el camino que queda por andar es aún muy amplio. Las pymes
españolas pueden ahorrar hasta 1.420 millones de euros al año en su
factura eléctrica según refleja el último Indice de Eficiencia
Energética de Fenosa, referido a 2007.
Este documento es un
estudio elaborado por la empresa eléctrica a través de más de 4.000
encuestas realizadas entre las pymes de entre 6 y 199 empleados para
analizar el grado de desarrollo dentro de las compañías sobre las
medidas empleadas para ahorrar dinero en la factura de la luz a través
de distintos mecanismos.
Entre otros asuntos, se analiza lo
que se conoce como “cultura energética”, es decir, el nivel de
información existente en la organización, la formación interna de los
empleados en el ámbito de la eficiencia energética. El documento
también aborda el área de mantenimiento (nivel de sensibilidad
existente en las empresas respecto al mantenimiento de los diferentes
equipamientos utilizados, con objeto de alcanzar el óptimo rendimiento
y el menor consumo energético).
Por otra parte, el estudio
también destripa el grado de “control energético”, concepto bajo el que
se recoge el nivel de gestión del gasto energético que se hace, a
través de la medición y la implantación de procesos administrativos
adecuados.
Por último, el estudio aborda lo que denomina
“innovación tecnológica”, que es el grado de actualización de la
organización en lo que se refiere a los medios técnicos aplicados en
las instalaciones”. El estudio de 2007 releva que las empresas han ido
avanzando muy poco a poco en el uso óptimo de sus consumos.
En
2007, presentaban un potencial de ahorro de casi la quinta parte (un
18,3%) de la energía que consumían. En el informe de 2006, el potencial
de ahorro era del 19,8%, y en el informe de 2005, el potencial se
situaba en el 19,4%. Es decir, aunque entre 2006 y 2007 hubo una
mejora, entre 2005 y 2006 la situación empeoró. En dos años, las
empresas sólo han conseguido transformar en ahorro efectivo apenas un
1% de todo el potencial que tienen para reducir costes.
En
términos absolutos, las cifras de lo que podrían ahorrarse son
brutales. Los más de 1.400 millones de euros que podrían ahorrarse
desde el punto de vista económico, equivalen a 18.739 gigavatios
hora(GWh). Con esta potencia, se podrían abastecer los hogares de las
comunidades de Madrid, Galicia e Islas Baleares durante todo un año.
Este
uso más eficiente de la energía supondría, además, la no emisión de
9,55 millones de toneladas de CO2, tantas como las que van a emitirse
en los 90 millones de desplazamientos en coche previstos para este
verano, explican en Fenosa.
Grandes y pequeñas En
el mundo de las pymes, el estudio de Fenosa también refleja que no
todas las empresas tienen la misma actitud. Curiosamente, el índice
refleja que las empresas con menos empleados (de 6 a 9) son las que
más esfuerzos hacen para mejorar su eficiencia energética. En una
escala de 0 a 10 de puntuación, entre el peor y el mejor
comportamiento, las pymes pequeñas pasaron de una nota del 3,0 al
3,2.
Las pymes de mayor número de empleados (de 100 a 199)
no han hecho ningún progreso. Se mantienen con una nota del 4,1, lo que
demuestra que, aunque se comportan mejor que las pequeñas, no han
avanzado un ápice.
El estudio destaca que las pymes cada vez son
más conscientes de que pueden aprovecharse de la variedad de ofertas
existentes o incluso de negociar con los suministradores. En el estudio
realizado por Fenosa, sólo un 5% de las empresas desconocía qué tipo de
contrato eléctrico tenía con su suministrador (si era a tarifa, es
decir, sujeto a los precios regulados administrativamente y sin poder
de negociación, o era un contrato a mercado, es decir, negociado entre
las partes).
En el estudio de 2006, el grado de
desconocimiento del tipo de contrato se elevaba al 32% de las empresas.
Las pymes, por su propia dimensión, tienen escaso poder de maniobra
para negociar precios con sus proveedores y exprimir las ofertas que
pueden realizarles. De ahí que el mayor frente para ahorrar costes no
esté en este ámbito. De hecho, las propias eléctricas reconocen que el
escaparate de ofertas con el precio como principal reclamo es reducido.
Sí en cambio las eléctricas se están esmerando en atraer a las pymes
con otros reclamos, como el asesoramiento en políticas de eficiencia
energética, y ajustes de consumo.
“Cada empresa tiene
necesidades energéticas distintas y puede conseguir un mayor
rendimiento de la energía que consume. Es lo que entendemos por
eficiencia energética”, explican los responsables de Fenosa.
Los
datos del informe de eficiencia energética de esta compañía son
demoledores en cuanto al grado de desconocimiento que tienen las pymes
sobre cómo ahorrar. Sólo una de cada cuatro empresas tiene
conocimientos sobre ahorro y eficiencia energética y menos del 9,5%
consultan información relacionada con ella.
Sólo un 9% de las
empresas ha contratado algún servicio energético (auditorías y
diagnósticos) en los tres últimos años. Y todo ello a pesar de los
beneficios inmediatos que se obtienen una vez que se aplican medidas
activas para ahorrar en la factura de la luz.
Innovación En
el apartado de innovación tecnológica se recogen algunos de los frutos
que están obteniendo las empresas que han apostado por el ahorro, con
políticas como el uso de energías renovables en sus propias
instalaciones.
En aquellas empresas donde se utilizan energías
renovables (por ejemplo, poniendo placas solares en los tejados), esas
instalaciones llegan a aportar el 45% de la energía consumida.
Con
todo, hay otros mecanismos de ahorro muy innovadores que están por
explotar. Sólo un 22% de las empresas usa interruptores temporizados en
las instalaciones, y sólo un 14% emplea detectores de presencia.
El
dimmer (un aparato que permite regular la intensidad para evitar
consumos excesivos innecesarios) no llega al 1% de las empresas. (M. A. Patiño)

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