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Cualquier sociedad puede padecer las mismas patologías que un ser humano. Por eso, un buen diagnóstico y un programa de prevención son claves para evitar el colapso.
Quién no se ha sentido mal de repente alguna vez? ¿Quién no se ha levantado una mañana con dolor de cabeza? Las enfermedades acostumbran a llegar sin avisar y se ceban tanto con niños como con adultos.
La prevención es el primer paso para evitar que llegue el momento de visitar al médico, pero, una vez que se llega a este punto, diagnosticar la enfermedad con la mayor rapidez posible es esencial para poder diseñar un tratamiento que ponga fin a la patología.
El gurú español Javier Fernández Aguado, autor de Patologías organizativas, ha identificado varias enfermedades comunes para el ser humano y a las que tampoco son ajenas las empresas, que pueden llegar a padecer desde artrosis hasta falta de calcio, pasando por la miopía, la obesidad, la depresión o la esquizofrenia.
En opinión de Fernández Aguado, las organizaciones pueden sufrir todo tipo de enfermedades a lo largo de su existencia. El autor compara una joven compañía con un niño.
Mientras que los pequeños infantes suelen padecer carencia de calcio y vitaminas cuando la alimentación no es correcta, los nuevos negocios pueden sufrir, sobre todo en sus primeros años de vida, la falta de capitalización o insuficiente formación de sus gestores, factores tan importantes para el desarrollo empresarial como lo pueda ser el calcio para la formación de un esqueleto.
Edades enfermizas El gurú español establece tres categorías patológicas, que se manifiestan en función de la edad: físicas, psicológicas y psiquiátricas.
Estas dos últimas suelen afectar más en la época de la madurez, ya que durante la infancia o en los primeros años de vida de una empresa, la ilusión por comenzar a vivir o descubrir el funcionamiento y la complejidad de un mercado disminuyen los riesgos de padecer, por ejemplo, depresiones.
Para evitar que este tipo de enfermedades se ceben con una empresa que ha caído en la rutina y que ha dejado de cuidarse, Fernández Aguado recomienda apartarse de un comportamiento lineal y asegura que la pasividad ante estas amenazas no sirve de nada y está abocada a una muerte casi segura.
En su opinión, "el vacilante, aunque sea aplaudido por algunos directivos mediocres, acaba siendo rechazado con desprecio. Únicamente los audaces, nuevos dioses de la tierra, acaban siendo encumbrados por los brazos del destino al cielo de los héroes".
Tratar una depresión o una patología de carácter psiquiátrico implica destinar muchos recursos a una cura que no está garantizada. También es necesario atajar, cuanto antes, enfermedades como la obesidad, que se produce en compañías mal gestionadas donde los recursos humanos no están bien aprovechados; o la miopía, que impide a los directivos ver el camino a seguir.
Los males corporativos - Falta de calcio: en la empresa se traduce por la ausencia de la suficiente capitalización o formación de sus gestores.
- Artrosis: la falta del cuidado necesario lleva a muchas empresas a tener problemas en su estructura y, por tanto, en la agilidad a la hora de tomar decisiones.
- Miopía: se produce cuando la empresa y los directivos no son capaces de ver el camino a seguir y al final acaban dando palos de ciego que desembocan en malos resultados.
- Obesidad: plantillas con sobrepeso donde el personal no está bien distribuido.

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